El gobierno del matrimonio Kirchner está obsesionado con el ascendente dirigente entrerriano Alfredo De Angeli, convertido definitivamente tras el acto de Rosario en el único referente, ya no solo de los reclamos del campo, sino de vastos sectores sociales que creen ver en su persona y escuchar de sus labios la redención de un estilo de gestión que los hartó; De Angeli “le dice a Cristina” lo que mucha gente quiere escuchar.
Es muy probable que las trescientas mil personas (una fotografía aérea del Diario La Capital de Rosario quedará en la historia gráfica del siglo) asistentes al Monumento a la Bandera no hubieran sido tantas si, por ejemplo mientras arribaban a Rosario se hubieran enterado por las radios que “el Alfredo” no podía asistir acto; seguramente muchos hubieran dedicado el día a pasear por la ciudad.
Solo comparable con las peregrinaciones del cura sanador Ignacio Períes, allí mismo en Rosario, Alfredo De Angeli se adueño del episodio a tal punto que el resto de los dirigentes – los principales, nada menos – de las cuatro entidades organizadoras quedaron relegados a ser casi meros teloneros de “El Alfredo”.
Desde el momento en que De Angeli subió al escenario a saludar minutos antes del acto, mientras actuaban excelentes grupos artísticos, pasando por la mención de su nombre al momento de aparecer formalmente junto al resto de los dirigentes, y ya cuando el locutor lo presentó para el discurso de apertura, literalmente el Monumento se vino abajo.
Fenómeno sociológico como otros tantos vistos en el país a lo largo del tiempo, al buenazo de “Del Alfredo” esto no lo toma por sorpresa; sólo un dirigente con el “lomo curtido” en luchas gremiales y políticas (De Angeli lleva décadas en el gremialismo agropecuario entrerriano, militante peronista y activista contra la pastera Botnia) puede exhibir un dominio casi perfecto de la situación escénica ante trescientas mil personas, pronunciando un discurso certero e implacable, combinando tácticamente dureza conceptual con dosis justas de contemporización, como cuando amenaza y alienta “a no aflojar”, pero a la vez le señala a la “señora Presidente” que “mañana mismo salimos a producir (cuando en verdad el productor nunca dejó de hacerlo) y estamos con ella”, si cede al pedido del campo.
“Es efectista y efectivo, tan maniqueo como carismático, tan pintoresco como verborrágico. No acepta los matices, ni las medias tintas; ni los acuerdos, inclusive, si éstos no comprenden la aceptación puntillosa de lo que exige de antemano. Le gusta que lo vean como un duro, como un intransigente, mucho más ante las cámaras de televisión, que no se cansan de enfocarlo”, lo define el periodista Néstor Leone en la revista Debate.
Tan arrollador fue el discurso de “El Alfredo”, que los cuatro presidentes de las entidades convocantes no lograron ponerse a su altura, y solo atinaron a ensayar variantes de tono y conceptos que, incluido el dueño de casa y jefe formal de De Angeli, el presidente de la FAA Eduardo Buzzi, no hicieron otra cosa que agigantar la figura del entrerriano, quien “a pedido del público” (al que nunca se niega) regresó al escenario cuando ya el acto había terminado y la gente se desconcentraba (muchos regresaron cuando escucharon su voz) e improvisó durante diez minutos una petit asamblea al estilo Gualeguaychú.
Así las cosas, y luego del minúsculo – comparativamente hablando – acto de Salta, el Bureau presidencial (Néstor, Cristina, Alberto Fernández) se reunió de urgencia en la Quinta Presidencial de Olivos para diseñar, no un armisticio con el campo, sino la manera de conjurar el tema -incluido De Angeli- antes de que sea demasiado tarde; si es que ya no lo es.
La estrategia a seguir desde lo “técnico sectorial” sería el anuncio de “correcciones” de la resolución 125 poniendo un piso (¿41%?) y un techo (¿50%?), con lo cual, además de eliminar la movilidad tan nefasta, de movida le ganan 6 puntos al 35% del 10 de marzo que, dicho sea de paso tampoco conformaba a Buzzi y sus representados, además de ratificar la decisión presidencial de no moverse de ésa fecha.
El gobierno habría evaluado opacar la estrella de “El Alfredo”, para lo cual el anuncio de no volver a dialogar con las entidades mientras persista la omnímoda presencia del entrerriano sería una de las ideas fuerza; la intención es que los presidentes de las entidades restantes le pidan a Eduardo Buzzi que “mande a guardar” al revoltoso De Angeli quien, al polarizar la disputa entre “Alfredo y Cristina” en lugar de “campo y gobierno” (De Angeli en cada discurso, mirando a cámara se dirige a “usted, señora Presidente”, y muchos recordarán que durante los discursos de la Presidente durante los 21 días de paro compartían la pantalla dividida) le quita seriedad a cualquier diálogo, opinan en La Rosada. De esa manera, el costo político de acallar “Al Alfredo” sería de las entidades.
No evalúa el gobierno que probablemente la bala vaya por el caño y cualquier actitud política, propia o ajena, que se tome contra “El Alfredo” se estaría tomando contra el campo y gran parte de la sociedad.
La segunda parte de la estrategia gubernamental sería una fenomenal ofensiva impositiva para terminar con el “negreo” en el campo habida cuenta, dicen, que cuando se les ofreció compensaciones a mas de sesenta mil productores de soja, solo se inscribieron poco menos de doscientos, “el resto no lo hizo porque comercializan en negro”, afirmó el Ministro de Justicia y Seguridad Aníbal Fernández. La embestida incluirá también el trabajo no regularizado de los peones rurales.
El tiempo de partido se terminó. Ahora campo y gobierno juegan período de descuento. Y el reglamento impuesto por la Casa Rosada no contempla desempate por penales
|