Celos en el gobierno por protagonismo de Scioli
El recaudador bonaerense Santiago Montoya, es mucho más que un funcionario polémico y mediático. La eficacia que demostró en aumentar la recaudación es la pieza central de la estrategia de Daniel Scioli para lograr la independencia económica de la provincia de Buenos Aires, la antesala de la soberanía política.
No es un secreto que el método de acumulación del kirchnerismo se reduce a concentrar el manejo de los fondos públicos y desde esa fortaleza distribuir según su paladar. Allí donde crece la autonomía financiera, decrece la influencia política.
Por eso, Néstor Kirchner trabajó sobre dos ideas: crear complicidades forzadas a fuerza de prometer obras y giros de dinero; y socabar la fortaleza económica de actores independientes, como ser el campo. Subsidios y concentración fiscal, son los ejes del modelo de disciplinamiento político.
Daniel Scioli por la magnitud del territorio y los problemas que le toca administrar, así como el tamaño del déficit que heredó, sea tal vez quien experimenta en mayor amplitud esta lógica del poder.
La estrategia del silencio
Subestimar la capacidad política del actual gobernador bonaerense es un cliché que habría que comenzar a revisar. Con la mayor discreción, Scioli se dedicó estos meses a enfrentar el déficit de la provincia, que se podría ubicar para este año en unos 6.000 millones de pesos.
Y contra los pronósticos agoreros, el ministro de Economía, el contador Rafael Perelmiter, amigo histórico de la familia del gobernador, sin mayor experiencia política, ha demostrado mañas para el oficio.
Es curioso como se dan las cosas. Perelmiter llegó al cargo, luego que Scioli triunfara en una ardua batalla con la Casa Rosada, que pretendía imponerle en la provincia la continuidad del actual ministro de Economía Carlos Fernández, hombre que habían designado para intervenirle a Felipe Solá las finanzas provinciales.
Misma dificultad que logró eludir cuando peleó y ganó para desplazar a Martín Lousteau del Banco Provincia, y colocó a su amigo Guillermo Francos. Alguna habilidad habrá que reconocerle a Scioli, que dio estas batallas con discreción, pero pulso firme.
Puede ser pura casualidad. Pero no deja de llamar la atención que los dos hombres que Scioli desplazó de su esquema de poder, hayan recalado en el timón de la Economía nacional.
Política gestual
Sin embargo, la relación de Scioli con los Kirchner incluye matices que obligan a evitar las interpretaciones extremas. Se da en este caso una curiosa excepción a la lógica amigo-enemigo que suele aplicar el kirchnerismo.
Claro que es difícil eludir el peso político del gobernador de la provincia más importante del país, que además ha logrado conservar en medio del conflicto con el campo que cruza su provincia, muy altos índices de aceptación popular.
Una encuesta que la semana pasada circulaba por La Plata, a la que accedió La Política Online, confirmaba la brutal caída de la imagen positiva de Cristina Kirchner –que merodea el 30 por ciento-, mientras que Scioli conserva índices de aceptación del 50 por ciento.
El gobernador ha logrado –o ha sido beneficiado más allá de su voluntad- con una particular lectura del campo y la sociedad en general: La idea que pese a su presencia monolítica junto a los Kirchner, en el fondo no se siente a gusto con su estilo confrontativo. Hay cierta habilidad de lo no dicho, de gestos mínimos pero visibles, que construyen esa diferencia.
El avance de la lógica más intolerante del kirchnerismo desde que se abrió el conflicto con el campo, parece haber provocado en Scioli y otros gobernadores y funcionarios el desarrollo de una destreza de lo gestual. Rostros adustos y fastidiados, alineados detrás del atril o los palcos de barricada, parecen enviar un mensaje de divorcio entre el cuerpo y las convicciones.
Los números
El discreto Perelmiter logró semanas atrás un acuerdo clave para la gestión bonaerense, que como suele pasar con las cosas verdaderamente importantes, paso casi desapercibido.
La provincia logró cerrar la renegociación de los alrededor 2.900 millones de deuda que tenía con la Nación que vencían este año. Estiró esos vencimientos por 14 años y una tasa del 6 por ciento.
De los más 36 mil millones de deuda que tiene la provincia, unos 20 mil millones son con el gobierno central. La evolución de la deuda provincial habla mucho del modelo de país que construyeron los Kirchner. Desde el 2002 prácticamente la única fuente de financiación de las provincias es la Nación.
La deuda de la provincia de Buenos Aires pasó de 6.000 millones en el 2000 a los más de 36.000 de hoy. De ese total, el porcentaje que se adeuda a la Nación pasó de un 5% en el 2001 a más del 61% de la actualidad. Es el correlato númerico del modelo de concentración política.
Pero dentro de esta difícil situación, Scioli encontró una buena noticia, que en su momento vaticinó el ex ministro Jorge Remes Lenicov. El impacto de la deuda en términos de porcentaje del presupuesto bonaerense, es cada vez menor.
El presupuesto bonaerense en el 2006 fue de 22 mil millones, el año pasado subió a los 29 mil y para el 2008 se calcula no menos de 33 mil millones. Así la relación entre deuda e ingresos se ha hecho más sustentable. Remes Lenicov lo dijo en su momento: “Acá la solución es patear la deuda hasta que empiecen a crecer los recursos”.
Perelmiter también avanza en la simplificación de la infinita burocracia bonaerense, con dos normas sancionadas al inicio de su gestión: las leyes de administración financiera y la de ventanilla única. Un solo ejemplo, la provincia tenía 12 mil cuentas bancarias, que dificultaban el control del gasto. La idea del ministro es reducirlas a 40 por ministerio. Ya eliminó 2.000.
El recaudador
La otra pata de la estrategia de independencia económica de Scioli es aumentar los ingresos. Por ello, recién asumido le dio prioridad absoluta a la creación de la agencia tributaria que reclamaba Santiago Montoya desde la gestión de Felipe Solá. El hombre, tenía en que respaldarse para reclamar más poder: del 2001 a hoy la recaudación creció más de un 200 por ciento en la provincia.
Así las cosas, el sciolismo le vino bien a Montoya, quien además anudó una sólida relación con Perelmiter. El ministro de Economía no es afecto a los medios y encantado deja al mediático recaudador la tarea de lidiar con la prensa.
Pero volvamos a los números. Para enfrentar el déficit que le queda a la provincia este año -una vez despejado el tema de la deuda-, que algunos estiman en 3.000 millones, Scioli autorizó a Montoya a lanzar un incremento del impuesto de ingresos brutos que se estima permitirá cubrir el bache fiscal.
Por eso, la idea del kirchnerismo de tentar a Montoya para que pase a la Afip sería un golpe duro para el gobernador. Habrá que ver si Scioli lográ la misma eficacia política para retener funcionarios, que la que exhibió para imponer a los suyos.
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