Estamos en medio de la farsa que significó el tratamiento y aprobación de la ley de medios. Farsa mutua. Por un lado la banda montonera hace alarde de que nos encontramos regidos por una ley, a la que denomina ley de la dictadura (ésta terminó hace 26 años), que permite que la información se concentre, según ellos, en un monopolio privado, monopolio que maneja la información a su gusto y placer.
Por otro lado, los privados, muchos de ellos con un gran descaro, se quejan de que si se pone en práctica la nueva ley de medios ellos van a perder en gran parte la posibilidad de expresarse libremente.
Por de pronto, yo pienso que esta obsesión y apuro por parte de la banda de sacar adelante con urgencia la nueva ley de medios obedece en gran parte a la derrota sufrida el 28 de junio y al pretender tener una ley de medios más a su medida podrá manejar mejor la información en el período que resta hasta el 2011 y así engañar con mayor facilidad a la gran mayoría de idiotas útiles que pululan en nuestro país.
Por de pronto, esto de la defensa de la libertad de expresión por parte de unos y otros carece en parte de franqueza, porque tanto la banda como a gran parte de los privados les interesa mucho más sus intereses personales que la tan declamada libertad de expresión. Esta famosa libertad padece de una grave enfermedad producida en parte por presiones y también por la selectiva publicidad.
Si no veamos el caso de la basura llamada Página 12 que subsiste gracias a la publicidad otorgada por la banda.
Ahora bien, en medio del alarde de la banda en defensa de la supuesta libertad de expresión ha ocurrido algo que contradice en forma total esta "virtuosa" defensa.
Allanan un local y se roban computadoras y otros elementos de una agencia periodística electrónica que, sin lugar a dudas, ejerce auténticamente la libertad de expresión. Esta agencia edita dos páginas: Política y desarrollo y Diario 7.
Este acto vandálico, propio de la Unión Soviética del siglo pasado, pretende lograr, según mi parecer, varios objetivos. Uno de ellos es amedrentar a la empresa para que deje de publicar o seleccione los artículos, cosa que, dada la personalidad del director de la misma, estoy convencido que dicho objetivo no lo van a lograr. Otro de los objetivos sería, dado el contenido, en general, de los artículos publicados, presionar psicológicamente sobre sus autores para que dejen de escribir en dicha página. Otro objetivo sería, desde mi punto de vista el más grave, dado el contenido de muchos de los artículos publicados, reunir las pruebas necesarias para acusar a sus autores de supuestos delitos, como ser apología del delito, discriminación o cualquier otro que se le ocurra a la banda y en este caso, esta pretendería no solamente atentar contra la libertad de expresión sino contra la libertad física.
Este acto siniestro, el del allanamiento y robo, demuestra la farsa que significa el alarde sobre la defensa de la libertad de expresión pues este acto, sin lugar a dudas, es una prueba evidente de lo que la libertad de expresión representa para la banda gobernante.
Este gravísimo acto no es el único que se ha producido en los últimos días. Algo similar se produjo contra el Teniente Coronel-abogado-escritor, Carlos Shaferstein. Le allanaron su oficina y le robaron computadoras y demás elementos, fue a la justicia pero no sé todavía cual ha sido el resultado de dicha denuncia. No me cabe la menor duda, dada la corrupción judicial, que esto va a quedar en la nada.
En los años que lleva usurpado el poder esta banda, han desaparecido de los medios varios periodistas críticos, entre otros, Valdez, Laje y Yofre; esto demuestra que muchos medios no ejercen el periodismo con absoluta libertad, es decir, que se han visto presionados en alguna forma o que han llegado a algún arreglo con la banda.
Hay temas que prácticamente todos los medios los eluden. Me refiero a la prisión infame que sufren en este momento y desde hace varios años los militares y agentes de seguridad que en su momento derrotaron a la subversión apátrida. Para el periodismo este tema no existe, posiblemente piensan que están en otro planeta.
Eso sí, cuando se refiere a la guerra revolucionaria, que todavía está en vigencia, siempre se conduele con los subversivos y se refiere a los militares y agentes de seguridad como represores, genocidas y cualquier epíteto denigrante que se le ocurre. Cuando hace alguna entrevista, el entrevistado siempre es partidario de la subversión. ¿Esto es libertad de expresión, temor a la banda o convicción?
Volvamos al tema del epígrafe.
Por de pronto, adhiero y apoyo públicamente a las páginas Política y Desarrollo y Diario 7 editadas por la empresa allanada y robada. A mí me publican regularmente escritos que envío.
Si la banda gobernante a raíz del acto vandálico ordenado, pretende amedrentarme o privarme de la libertad por supuestos delitos cometidos en los escritos, le comunico a la banda que seguiré escribiendo con el mismo tenor mientras Dios Nuestro Señor me dé vida y si optan por la segunda opción es decir, por privarme de la libertad, les aviso que estaré en mi casa esperándolos, y si me detienen me sentiré muy honrado en compartir una celda con aquéllos que en los años 70 nos libraron de esa lacra inmunda que fue la subversión apátrida y que en la actualidad, por ahora, forma parte de la banda gobernante.
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